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domingo, 17 de junio de 2012

Pregunta Cristiana: “¿Qué dice la Biblia acerca del divorcio y el segundo casamiento?”



Respuesta: En primer lugar, no importa el punto de vista que tome en el asunto del divorcio, es importante recordar las palabras de la Biblia de Malaquías 2:16ª: “Yo aborrezco el divorcio –dice el SEÑOR Dios de Israel”. De acuerdo con la Biblia, el plan de Dios es que el matrimonio sea un compromiso para la eternidad. “Así que ya no son dos, sino uno solo. Por tanto, lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre” (Mateo 19:6 NVI). Sin embargo, Dios comprende que el divorcio va a ocurrir, debido a que un matrimonio involucra a dos seres humanos pecadores. En el Antiguo Testamento Dios estableció algunas leyes, a fin de proteger los derechos de los divorciados, especialmente de las mujeres (Deuteronomio 24:1-4). Jesús señaló que aquellas leyes fueron dadas a causa de la dureza de los corazones de la gente, más no porque fueran el deseo de Dios (Mateo 19:8).

La controversia de si el divorcio y segundo casamiento son permitidos de acuerdo con la Biblia, gira principalmente alrededor de las palabras de Jesús en Mateo 5:32 y 19:9. La frase “excepto en caso de infidelidad conyugal” es lo único en la Escritura, que posiblemente da el permiso de Dios para el divorcio. Muchos intérpretes entienden esta “cláusula de excepción” como refiriéndose a “infidelidad conyugal” durante el período de “desposorio”. En la costumbre judía, un hombre y una mujer se consideraban casados, aún mientras todavía estaban comprometidos “prometidos”. La inmoralidad durante este período de “desposorio” debería entonces ser la única razón válida para un divorcio.

Sin embargo, la palabra griega traducida como “infidelidad conyugal” es una palabra que puede significar cualquier forma de inmoralidad sexual. Esto puede significar fornicación, prostitución, adulterio, etc. Posiblemente Jesús está diciendo que el divorcio es lícito, si se comete inmoralidad sexual. Las relaciones sexuales como tales, son una parte integral del vínculo marital “y serán una sola carne” (Génesis 2:24; Mateo 19:5; Efesios 5:31). Por tanto, una ruptura de ese vínculo, por medio de relaciones sexuales fuera del matrimonio, debería ser una razón lícita para el divorcio. Si es así, Jesús también tiene en mente el segundo matrimonio en este pasaje. La frase “y se casa con otra” (Mateo 19:9) indica que el divorcio y el segundo casamiento son permitidos en una instancia de la cláusula de excepción, sea como sea interpretada. Es importante notar que solamente a la parte inocente se le permite volver a casarse. Aunque esto no está indicado en el texto, la concesión del segundo casamiento después de un divorcio, es la misericordia de Dios para aquel contra el que se ha cometido pecado, no para el que ha cometido inmoralidad sexual. Puede haber instancias donde a la “parte culpable” se le permite volver a casarse – pero tal concepto no es enseñado en este texto.

Algunos entienden 1ª Corintios 7:15 como otra “excepción”, que permite el segundo casamiento si un cónyuge incrédulo se divorcia de un creyente. Sin embargo, el contexto no menciona el segundo casamiento, sino que solamente dice que un creyente no está limitado a continuar un matrimonio, si un cónyuge no creyente quiere abandonarlo. Otros demandan que el abuso a (cónyuge o hijo) son razones válidas para el divorcio, aunque no están listadas como tales en la Biblia. Aunque éste, bien pudiera ser el caso, nunca es sabio suponer sobre la Palabra de Dios.

Algunas veces, perdidos en la discusión sobre la cláusula de excepción, está el hecho de que lo que quiera que signifique “infidelidad marital”, ésta es un permiso para el divorcio, no un requisito para el mismo. Aún cuando se haya cometido adulterio, una pareja puede por medio de la gracia de Dios aprender a perdonar, y comenzar a reconstruir su matrimonio. Dios nos ha perdonado mucho más. Con seguridad podemos seguir Su ejemplo y aún perdonar el pecado del adulterio (Efesios 4:32). Sin embargo, en muchas instancias, un cónyuge es impenitente y continúa en inmoralidad sexual. Posiblemente ahí es donde Mateo 19:9 puede ser aplicado. Muchos también cuentan demasiado rápido con el segundo casamiento después de un divorcio, cuando el deseo de Dios sería que permanezcan solteros. Algunas veces Dios invita a una persona a permanecer soltera, de manera que su atención no sea dividida (1ª Corintios 7:32-35). El segundo casamiento después de un divorcio puede ser una opción en algunas circunstancias, pero eso no significa que esta es la única opción.

Es doloroso que el índice de divorcio entre los cristianos profesos, sea casi tan alto como el del mundo incrédulo. La Biblia deja meridianamente claro que Dios odia el divorcio (Malaquías 2:16) y esa reconciliación y perdón deberían ser las marcas de la vida de un creyente (Lucas 11:4; Efesios 4:32). Sin embargo, Dios reconoce que el divorcio se va a dar aún entre Sus hijos. Un creyente divorciado o vuelto a casar no debería sentirse menos amado por Dios, aún si su divorcio o segundo matrimonio no estuvieran cubiertos bajo la posible cláusula de excepción de Mateo 19:9. Dios a menudo utiliza aún la desobediencia pecaminosa de los cristianos para llevar a cabo una gran cantidad de cosas buenas.



domingo, 16 de octubre de 2011

Matrimonio en la iglesia





Si una pareja se casa ante un juez, pero no recibe la bendición sobre su matrimonio en la iglesia, ¿viven en adulterio?

En la palabra de Dios no se encuentra en ningún lugar que el matrimonio sea una ordenanza para la iglesia local. La Biblia habla de ordenanzas para la iglesia local, pero solamente señala dos, la cena del Señor y el bautismo en agua. De modo que podemos decir que la Biblia no ordena ni condena que se celebren matrimonios en la iglesia local. Ahora bien, en el mundo cristiano evangélico se acostumbra ver al matrimonio como un compromiso solemne entre un hombre y una mujer. Este compromiso normalmente encierra cuatro ideas. Primero, es un compromiso espiritual. 1ª Corintios 7:39 dice: "La mujer casada está ligada por la ley mientras su marido vive; pero si su marido muriere, libre es para casarse con quien quiera, con tal que sea en el Señor" Notemos específicamente la frase "en el Señor". Aunque la aplicación directa hace referencia a casarse teniendo en cuenta la voluntad del Señor, no es menos cierto que también podría aplicarse en el sentido de un compromiso mutuo delante del Señor. Segundo, es un compromiso legal. La mayoría de los países latinoamericanos exigen que el matrimonio sea celebrado ante un juez civil. El creyente por tanto debe someterse a este mandato en obediencia a lo que la palabra del Señor dice en Romanos 13:1 donde leemos: "Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas." Vemos entonces que el matrimonio es un compromiso espiritual y legal. Pero no solamente eso, también, en tercer lugar, es un compromiso físico por el cual el esposo se compromete a satisfacer las necesidades físicas de la esposa. 1ª Timoteo 5:8 dice: "Porque si alguno no provee para los suyos; y mayormente para los de su casa, ha negado la fe, y es peor que un incrédulo" Por último, en cuarto lugar, el matrimonio es un compromiso social. Las familias del esposo y de la esposa comparten el gozo de ver unidos en matrimonio a sus respectivos miembros de la familia. Si este gozo quieren manifestarlo en el seno de alguna iglesia local, está bien, la Biblia no lo ordena ni lo condena, pero notemos que la iglesia local no otorga ninguna gracia o bendición especial sobre la pareja. Dentro del compromiso social, el pastor o Anciano o cualquier otra persona puede elevar a Dios oraciones pidiendo bendición sobre la nueva pareja, pero esto no significa que estén haciendo una especial entrega de bendiciones sobre los recién casados. Hemos visto entonces que normalmente se ve al matrimonio como un compromiso espiritual, legal, físico y social. Poco o nada tiene que ver en esto la iglesia local, por tanto, si una pareja se casa y hace su compromiso espiritual, legal, físico y social, pero no tiene una ceremonia religiosa, de ninguna manera está cometiendo adulterio o fornicación.



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(Foto cortesía de Bodas Kedusha)

miércoles, 24 de agosto de 2011

¿Qué puede hacer una persona que ha fracasado en su matrimonio para rehacer su vida? ¿Puede divorciarse?





Recuerde que los fracasos a los ojos de los hombres, son solamente oportunidades a los ojos de Dios. Donde terminan las posibilidades del hombre, allí comienzan las posibilidades de Dios. Digo esto para que nadie piense que ya no hay solución a su problema matrimonial. No se debe perder la esperanza. Ese aparente fracaso en el matrimonio puede llegar a ser el punto de partida para que cual ave fénix, el matrimonio se levante de las cenizas. Es necesario dejar entrar a Dios en la solución del problema. Cuando Dios interviene en un matrimonio y ambas partes deciden someterse a lo que Dios dice, el matrimonio se puede levantar y la relación entre los dos puede llegar a ser hermosa. Esta es la voluntad de Dios para los matrimonios. Así que es conveniente que cualquier pareja que esté atravesando por problemas matrimoniales se saque de la cabeza la idea que para rehacer la vida, es necesario divorciarse. El divorcio no es la voluntad de Dios. La Biblia jamás aconseja a las parejas en problemas matrimoniales que se divorcien. La Biblia enseña la permanencia del matrimonio. Aún cuando uno, o los dos cónyuges han caído en fornicación, es posible una restauración cuando las dos partes están de acuerdo en propiciar esa restauración. Dios tiene todo el poder para curar las heridas que deja la infidelidad en el matrimonio y de esa manera evitar que el matrimonio se destruya. Pero para que esto funcione en la práctica se debe partir de un deseo voluntario en los dos cónyuges de no permitir que el matrimonio se destruya. Si esto no existe, no se pueden dar pasos hacia la restauración del matrimonio. De modo que, esto de que una persona ha fracasado en su matrimonio, es muy relativo, porque justo de ese fracaso puede surgir el impulso para arreglar ese matrimonio. Solo hay que dar a Dios una oportunidad. Dios no va a hacer su obra de preservar matrimonios en contra de la voluntad de alguien. Todo esto para ayudar a reflexionar a las parejas en conflicto en cuanto a que la felicidad de cada uno dentro de la pareja no está en divorciarse y volverse a casar con otra persona. El problema está en la persona, si la persona se divorcia y se vuelve a casar, el problema persistirá. La única diferencia será que el conflicto será entonces con una persona diferente. El divorcio jamás ha sido una solución a los problemas conyugales en la pareja. El divorcio mata algo que Dios ha creado. Cuando dos personas se unen en matrimonio, Dios hace de los dos una sola carne. El divorcio mata lo que Dios ha creado. El divorcio se parece mucho al aborto, en el sentido que ambas acciones matan la obra creativa de Dios. En la concepción, Dios hace de dos uno, el aborto mata esa obra que Dios ha hecho. En el matrimonio, Dios hace uno de dos, el divorcio mata esa obra que Dios ha hecho. Las parejas que se divorcian y las parejas que practican un aborto cometen el mismo crimen contra algo que ha sido producto de la obra de Dios. Todo esto, para que Ud. tome conciencia en cuanto a que el divorcio no es la voluntad de Dios. Pero a pesar de lo dicho, es triste reconocer que existe el divorcio. No se puede cerrar los ojos a esta lacerante realidad. El divorcio es como el pecado. Aún cuando no es la voluntad de Dios, existe en el mundo. La Biblia dice que es por la dureza del corazón del hombre. A pesar de que el hombre sabe que el divorcio es contrario a la voluntad de Dios, lo realiza, y en eso manifiesta la dureza de su corazón. En la época que Cristo estuvo en este mundo en la persona de Jesús, el divorcio era la práctica común en las parejas. Jesús confrontó fuertemente esta práctica y advirtió que el divorcio por cualquier motivo estaba degenerando en una avalancha incontenible de adulterio. Lo mismo pasa con el divorcio en la actualidad. Sin embargo, cuando ha habido fornicación de por medio y una total negativa a reconocer y apartarse de este pecado en uno de los cónyuges, es decir cuando habiendo fornicación se han agotado todas las posibilidades de restauración, entonces el divorcio, no es que es aconsejado u ordenado por la Biblia, sino que simplemente es permitido con todo el dolor y la angustia que esto conlleva porque se estará haciendo algo que no es el ideal de Dios. Los conflictos de pareja no se arreglan con divorcio. Se arreglan con sumisión a los principios bíblicos para el matrimonio.

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